En esta entrega de nuestro blog conocemos a Ingrid Zúñiga, ilustradora y diseñadora gráfica que encuentra en lo simple un universo de significado. Su obra combina la sensibilidad del cuento ilustrado con una mirada poética y contemporánea, capaz de transmitir calma, ternura y reflexión.
Inspirada por la naturaleza, la literatura y lo cotidiano, Ingrid crea imágenes que parecen narrar historias sin necesidad de palabras. Con una técnica que mezcla lo tradicional y lo digital, su trabajo fluye entre lo onírico y lo real, invitándonos a mirar con atención y dejar que el color y la forma hablen por sí mismos.
Desde Santiago, nos comparte su camino, sus inspiraciones y la magia de crear mundos que conectan tanto con niños como con adultos.
"Soy Ingrid Zúñiga, ilustradora y diseñadora gráfica. Vivo en Santiago.
Dibujo desde muy chica. Mi estilo se ha formado a partir de muchas fuentes de inspiración, y siento que está en constante transformación, porque nunca se deja de aprender —y eso me encanta—.
He tomado talleres de distintas técnicas, creación de personajes, narrativa, escritura y cómic. Trabajo principalmente con acuarela, gouache y lápices de colores; me costó encontrar una técnica digital que me resultara cómoda, pero siento que ya la hallé. Me gusta mezclar materiales, explorar texturas y descubrir cómo la técnica puede reforzar el mensaje."
¿Cuál fue tu primer acercamiento al arte y qué lo hizo significativo para ti?
"Todos mis recuerdos de infancia están ligados a dibujar o pintar. Era mi momento de diversión, y también una forma de compartir con mis papás, que también dibujaban.
Mi familia me estimuló visualmente desde siempre: mi mamá tenía libros y tarjetas Village que me encantaba copiar; mi abuelo compraba el diario con los cómics de Calvin y Hobbes, que yo corría a leer; y mi hermano tenía revistas de manga y animé, que le pedía prestadas para copiar. Eso de “dibujar mirando” me ayudó a afinar el ojo y entender proporciones."
¿Qué temas, emociones o historias inspiran más tu trabajo actualmente?
"La naturaleza y los animales son una gran fuente de inspiración, tanto en lo que dibujo como en mi vida cotidiana. Mientras más puedo observar y aprender de ella, mejor.
También me inspiran la poesía y las reflexiones sobre lo cotidiano. Hace poco comencé a incursionar en el cómic, un formato que me encanta por su versatilidad para contar historias."
¿Cómo describirías tu estilo artístico en tres palabras y por qué?
"Diría que es narrativo, surrealista y poético.
Intento crear metáforas visuales que inviten a pensar. Me han dicho que mi estilo tiene algo de tierno, aunque no es intencional: es algo inconsciente, quizás influido por lo que veía en mi niñez, como las esquelas que intercambiábamos en los 90’s. Esa estética ingenua y nostálgica probablemente se quedó conmigo."
¿Alguna vez has dudado del camino que elegiste? ¿Por qué?
"No diría que dudo, pero sí hay momentos en que las redes sociales o la expansión de la inteligencia artificial generan cierta incertidumbre.
Trabajar de forma independiente también es un desafío constante: organizarse sola, conseguir proyectos, mantenerse activa en redes, saber vender… A veces puede ser agotador, pero siempre vale la pena.
Intento concentrarme en lo que me hace feliz: crear. La única competencia real es conmigo misma, con mi versión del año pasado. Además, poder ver el trabajo de artistas de todo el mundo y aprender de ellos es una de las cosas más lindas de esta era global."
¿Qué papel juega el arte en tu vida diaria, más allá de tu trabajo creativo?
"El arte se ha convertido en el eje de mi vida. Todo lo que veo o vivo termina transformándose, tarde o temprano, en una fuente de inspiración. Lo cotidiano, una noticia, una conversación o una simple caminata pueden detonar una idea.
Esa conexión constante me parece mágica: cómo el cerebro une cosas y, de pronto, una imagen o un relato nace. Cuando eso ocurre, siento una alegría enorme."
¿Hay alguna historia o momento especial que haya marcado un antes y un después en tu camino como artista?
"Sí. Cuando me titulé, dejé de lado la ilustración por miedo al fracaso. Pensé que no sería rentable y trabajé en varios lugares donde, aunque todo estaba “bien”, no era feliz.
Hasta que entendí que lo que realmente quería era ilustrar, crear mundos y personajes. Fue una decisión difícil, pero liberadora: dejar la estabilidad económica y apostar por lo que amo hacer."
¿Qué mensaje o experiencia esperas que las personas se lleven al conectar con tu obra?
"No pienso demasiado en eso, para ser honesta. No me gusta explicar mi obra, porque siento que el punto de dibujar es no tener que ponerlo en palabras.
Tal vez suene un poco asocial (jajaja), pero me hace sentido. Prefiero que cada persona le dé su propio significado. Creo que eso es lo más bonito: que el arte sea una experiencia libre, donde cada mirada descubra algo distinto."
Conversar con Ingrid Zúñiga es entrar en un universo donde la delicadeza y la observación se transforman en narrativa visual. Sus ilustraciones parecen respirar poesía: mezclan lo cotidiano con lo onírico, lo íntimo con lo universal.
Su historia también es una invitación a atreverse —a volver a lo esencial, a escucharse y apostar por lo que realmente vibra dentro—.
En Clever Squirrel, celebramos a artistas como Ingrid, que hacen del color una metáfora y del trazo una forma de mirar el mundo con ternura y profundidad.
Pueden conocer más de su trabajo desde su Instagram: @ingrid_ilustradora

